Víctimes del genocidi franquista. Ni oblit ni perdó: justícia

Ferrer Guardia y la Escuela Moderna

La Escuela Moderna, transcurridos cien años, seguiría siendo un proyecto vanguardista en relación al panorama educativo mayoritario actual, sea este de régimen estatal o privado. Por eso, y por los valores de profunda honestidad y humanismo que caracterizaron a la Escuela Moderna esta merece seguir siendo un referente, porque de sus logros y sus errores debemos aprender. Porque no nos conformaremos con una escuela de valores ruines reflejo de "nuestra" sociedad, se hace necesario plantar cara a la cultura que nos imponen para no dejar en manos del olvido y de la manipulación la obra de Ferrer y Guardia.

dilluns 8 de febrer de 2010

Durante el Otoño Libertario de 2009, CNT-AIT Madrid inauguró la exposición "La Escuela Moderna" que todavía puedes visitar en los locales de Tirso de Molina, 5-2º. En este artículo reproducimos los textos de dicha exposición.

España en el nuevo siglo XX

El inicio del siglo XX estuvo profundamente marcado por constantes crisis políticas y económicas, herencia de décadas anteriores, que dejaron profunda huella en todos los ámbitos de la vida social y cultural. El sistema político vigente era el constitucionalismo liberal y monárquico (la Restauración borbónica), que se concretaba en una democracia censitaria de alternancia de partidos, que se mantuvo hasta la tercera década del nuevo siglo. Mientras en casi toda Europa occidental se producían profundos cambios, la estructura social española mantuvo su carácter rural. La industrialización siguió un ritmo lento y, por tanto, la base de la economía continuó siendo agraria. Frente a otros países donde los cambios sociales habían modificado las estructuras de las clases dominantes, en la España de comienzos del siglo XX, Iglesia y aristocracia ocupaban aún un espacio privilegiado. La Iglesia y, también el ejército participaban cotidianamente en la vida política. El caciquismo y la corrupción de estas clases sociales impregnaron la vida durante este periodo histórico. En las zonas industrializadas como Cataluña, el movimiento obrero fue adquiriendo una fuerza que se dejó notar en numerosos levantamientos. Las distintas expresiones artísticas de la época parecen mostrarnos que la crisis de fin de siglo, no fue sólo social sino que también afectó al individuo.

España: nuevo siglo, vieja escuela

No produjo el cambio de siglo modificaciones sustanciales respecto a lo que venía siendo el sistema escolar en el siglo XIX. La España del momento seguía dominada por un analfabetismo cuya tasa ascendía al 52’04%. Este índice era todavía mayor en mujeres y en la población rural. Concretamente, en Barcelona el 42% de los habitantes no sabía leer ni escribir. Es fácil imaginar la baja tasa de escolarización y las muy frecuentes condiciones de explotación laboral infantil. Dentro del sistema escolar existían escuelas de régimen privado y estatales. Entre las primeras existían un pequeño número de escuelas laicas y una mayoría regentada por la Iglesia. Las escuelas laicas surgieron en la segunda mitad del siglo XIX como alternativa escolar privada. En ellas se podían observar diferencias entre aquellas asociadas a organizaciones obreras y las escuelas burguesas de tendencia liberal. En la Barcelona de 1903, la escuela estatal contaba con más de 14.000 alumnos frente a los casi 35.000 de la escuela privada. Si era pobre la extensión de la escuela primaria, es fácil comprender la aún más triste situación de los niveles superiores, de tal modo que los hijos de la clase obrera sólo podían alcanzar un título como el bachillerato en muy contadas ocasiones.

Ferrer Guardia. Apuntes biográficos

Francisco Ferrer Guardia nace el 10 de enero de 1859 en Alella (Barcelona) dentro de una familia de pequeños propietarios. Sus primeras experiencias escolares marcarán, en cierto modo, su posterior labor: solía señalar que en la Escuela Moderna sólo tendría que hacer todo lo contrario de lo que vivió. Bastante joven comenzó Ferrer a aproximarse al republicanismo radical. Su intenso activismo en los círculos republicanos le acabó costando el exilio a Francia. Allí, enseña español, se adentra en los ambientes masónicos y estrecha su relación con destacados militantes anarquistas como Grave, Kropotkin, Malato o Robin. Hay que destacar la influencia de este último, ya que Ferrer tuvo la oportunidad de conocer Cempuis, el orfanato donde Robin pone en práctica sus ideas educativas libertarias. Mediada la década de 1890 se rompe su relación con Teresa Sanmartí, cobrando posteriormente protagonismo dos mujeres importantes para la Escuela Moderna: Jean Ernestine Meunié, que legó una cantidad importante de dinero gracias a la cual se pudo poner en funcionamiento el proyecto; y, Leopoldine Bonnard, que ejerció allí como maestra. La vuelta a Barcelona y la puesta en marcha de la Escuela Moderna son los acontecimientos más importantes antes del primer encarcelamiento, motivado por presunta colaboración en un atentado contra Alfonso XIII, y el segundo, por el levantamiento de julio de 1909, que desembocaría en una condena a muerte ejecutada el 13 de octubre de ese año.

Ferrer Guardia y el anarquismo

Durante el exilio en Francia frecuentó Ferrer los círculos anarquistas, conociendo a notables militantes cuya influencia fue fundamental para que Ferrer modificara algunas de sus convicciones políticas. Dicho cambio encaminó su activismo hacia el campo de la educación. De esos militantes, debemos destacar las figuras de Paul Robin y la de Piotr Kropotkin, ya que muchas de las posiciones que adoptó Ferrer se pueden explicar mejor conociendo a estos dos anarquistas. Los elementos esenciales que sentaron la base de lo que sería posteriormente la Escuela Moderna se deben en buena parte al proyecto de Cempuis de Paul Robin, basado en los principios de la educación integral. Un modelo de enseñanza antiautoritaria que sirvió para crear un espacio que escandalizó a muchos por lo avanzado de sus prácticas: coeducación de sexos, integración de trabajo manual e intelectual, importancia de los aspectos emocionales, metodologías antirrepresivas, etc. También fue fundamental la concepción educativa de Kropotkin. Frente a Bakunin, que pensaba que una verdadera educación anarquista sólo podía darse en una sociedad anarquista y antes era necesaria una revolución “material” que posibilitara la emancipación económica de la clase obrera, Kropotkin pensaba que la educación podía posibilitar en cada persona una revolución interior necesaria para dicha revolución social.

Una crítica radical a la enseñanza tradicional

La Escuela Moderna como proyecto educativo, surge de un análisis radical de las instituciones dedicadas a la instrucción de la juventud y la infancia. Dicho análisis parte de una visión del papel social de la escuela: Los gobiernos se han cuidado siempre de dirigir la educación del pueblo [...]. Pasó el tiempo en que los gobiernos se oponían a la difusión de la instrucción y procuraban restringir la educación de las masas. Esa táctica les era antes posible porque la vida económica de las naciones permitía la ignorancia popular, esa ignorancia que facilitaba la dominación. Pero las circunstancias han cambiado: los progresos de la ciencia y los multiplicados descubrimientos han revolucionado las condiciones del trabajo y de la producción; ya no es posible que el pueblo permanezca ignorante […]. Así reconocido, los gobiernos han querido una organización cada vez más completa de la escuela […] porque necesitan individuos, obreros, instrumentos de trabajo más perfeccionados para que fructifiquen las empresas industriales. Pero también se realiza un análisis radical de la escuela desde dentro: Se han introducido numerosas modificaciones a los antiguos métodos, pero nada importan los métodos, si el principio esencial permanece invariable: aniquilación de los deseos, de las necesidades y de las voluntades del niño bajo el despotismo del maestro.

La Escuela Moderna: algo más que una escuela

El anarquismo siempre ha concedido una importancia fundamental a la cultura y, desde sus orígenes, ha confrontado dos posturas sobre la misma: la relevancia del desarrollo cultural de la clase obrera como medio hacia la revolución social, o la necesidad de dicha revolución para conseguir un pleno y real desarrollo cultural de la clase obrera. Más allá de las discusiones sobre las relaciones entre la emancipación revolucionaria y la cultura, la experiencia histórica nos muestra que los militantes libertarios fueron infatigables divulgadores de cultura. En esta línea, Ferrer cree en la cultura y la educación como instrumento para acabar con los males de la sociedad estatalcapitalista. Así, se embarca en un proyecto que no es solamente escolar, sino más bien un proyecto cultural como escuela, editorial y, también, universidad popular. Numerosas fueron las publicaciones editadas por la Escuela Moderna: libros, muy superiores a los usados en la época, tanto de texto (creados por personalidades como Elisée Réclus) como de lectura escolar (Las aventuras de Nono); el boletín periódico de la escuela... La pretendida educación universitaria popular tomó diversas formas. De éstas hay que destacar las conferencias de ciencia divulgativa que realizaban los expertos colaboradores de Ferrer, que llegaron a ser denominadas las “misas de la ciencia”, pues se convertieron en alternativa dominical a la misa religiosa.

La Escuela Moderna y su labor editorial

El material utilizado por las escuelas al uso solía caracterizarse por su pobreza en todos los sentidos, y usualmente su calidad era nula. Los textos empleados solían, además, estar contaminados por una fuerte influencia religiosa. La Escuela Moderna intenta, y consigue con gran éxito, crear toda una serie de libros para uso escolar que respondan a su visión de la ciencia y las humanidades. Su mayor logro no es sólo dotarse de tal material sino que éste sirva a muchas otras escuelas, sean racionalistas o simplemente laicas. Para esta labor cuenta con los ya mencionados Martínez de Vargas, Odón de Buen, además de con textos y traducciones de Charles Malato, de Anselmo Lorenzo, de Elisée Reclus o de Jean Grave. Además hay que considerar la relevancia e interés del Boletín de la Escuela Moderna, publicación no tanto de carácter informativo como de carácter divulgativo. Básicamente, en él se comentan las ideas fundamentales de la enseñanza racionalista, bien a través de artículos encargados por el editor, bien recogiendo textos de otras publicaciones, normalmente extranjeras. No escaparon estas obras a la persecución gubernativa. Como se puede comprobar, la Junta Provincial (1912) inserta en el Boletín Oficial una circular declarando pernicioso que se usen como libros de texto en las escuelas de enseñanza primaria: Cartilla filológica moderna, Correspondencia escolar, Recopilación de textos antimilitaristas, Origen del cristianismo, etc.

La Escuela Moderna como universidad popular

El problema de la instrucción popular siempre había preocupado a los anarquistas y, precisamente por ello, era un tema recurrente en la Internacional. Ferrer cree que la ciencia debe llegar a todos, de ahí que no limite su acción cultural a la infancia sino que trate de expandirla a todas las edades. Para conseguirlo, se rodeó de colaboradores universitarios de prestigio como Odón de Buen o Martínez de Vargas, que trataron diversos temas relacionados con la divulgación de la ciencia en forma de conferencias dominicales. Dichas conferencias llegaron a preocupar a las autoridades eclesiásticas, que vieron cómo el público congregado en tales actividades aumentaba. Estas misas de la ciencia trataban temas como la higiene o los descubrimientos. El tema de la higiene preocupó especialmente a Ferrer, ya que, como demuestran muchos testimonios, era problema social en general, y escolar en particular. Según el propio Ferrer, éste tenía tal gravedad que la suciedad en la escuela la convertía en un foco de contagios. Explica que la mentalidad cristiana había generado tal desapego por lo físico en beneficio del alma y el más allá, que resultaba complicado hacer entender cómo la mugre en la que se desenvolvía la clase obrera era un problema de salud enorme.

Coeducación de sexos

Los modelos de enseñanza que predominaban en la España de inicios del siglo XX se caracterizaban por el fuerte carácter sexista. De este modo, eran tanto el reflejo de la sociedad del momento como un mecanismo para la perpetuación del patriarcado, recluyendo a la mujer a esferas sociales privadas (hogar, familia, maternidad, etc.). En las escuelas se separaba a los niños de las niñas, ya que, según la Iglesia Católica, la enseñanza mixta fomentaba una moralmente peligrosa promiscuidad. Si bien es cierto que en los pueblos y villas, por falta de medios, la coeducación de sexos era habitual, no ocurría lo mismo en las ciudades como Barcelona, donde nació la Escuela Moderna. El Boletín señala «que la mujer y el hombre completan al ser humano, y que el trabajo humano, proponiéndose la felicidad de la especie, ha sido deficiente hasta hora: debe ser mixto en lo sucesivo; tiene que estar encomendado al hombre y la mujer, cada cual desde su punto de vista.» La apuesta por la educación mixta llevaba implícito el principio revolucionario antipatriarcal, que pretende eliminar cualquier desigualdad social entre mujeres y hombres luchando contra cualquier sometimiento, sea entre individuos o entre grupos. Así, al comienzo de su actividad la Escuela Moderna contó con 12 niñas y 18 niños, porcentaje importante que se mantuvo pese a los fortísimos prejuicios sociales que dificultaban el proyecto coeducativo.

Un concepto polémico: la coeducación de clases

Señala Ferrer sobre este aspecto lo siguiente: La coeducación de ricos y pobres, que pone en contacto unos con otros en la inocente igualdad de la infancia, por medio de la sistemática igualdad de la escuela racional, esa es la escuela buena, necesaria y reparadora. Siendo la Escuela Moderna un proyecto educativo que sirvió para inspirar a muchos otros, no tuvo igual seguimiento en lo relacionado con la mencionada coeducación de clases. Parece que Ferrer creía que para crear una sociedad de iguales debía poner en práctica un radical igualitarismo en todos los aspectos, procurando una total coherencia entre los medios y los fines. Una escuela que fomente el odio entre clases no puede ser un paso coherente hacia la construcción de una sociedad sin clases. No opinaron lo mismo los muchos seguidores de la Escuela Moderna que fomentaron proyectos de enseñanza ferreriana donde se rechazó de plano semejante razonamiento. Estos seguidores apostaron claramente por una escuela de carácter obrero. Además, las críticas a Ferrer han llovido desde diversos frentes, señalando que la idea de la coeducación de clases convirtió a la Escuela Moderna en un proyecto educativo en cierto modo elitista, participado principalmente por la clase media barcelonesa.

Jugar y aprender

Un aspecto común a todas las pedagogías libertarias es el importante interés que, por su valor formativo, despierta el juego. De este modo, también la Escuela Moderna intentó darle un lugar importante dentro del proceso de aprendizaje: Debe dejarse al niño que en donde quiera que esté manifieste sinceramente sus deseos. Éste es el factor principal del juego, que, […] es el deseo complacido por la libre actividad. Por lo mismo no nos empece decir que es de absoluta necesidad que se vaya introduciendo substancia del juego por el interior de las clases. Así lo entienden en países más cultos […]. Allí no se ha hecho otra cosa […] que arrancar de cuajo, de las salas de las clases, el mutismo y la quietud insoportables, características de la muerte, y llevar en su lugar el bienestar, la intensa alegría, el alborozo. El alborozo, la intensa alegría del niño en la clase, cuando comparte con sus colegas, se asesora con sus libros, o está en compañía e intimidad con sus profesores, es la señal infalible de su interna salud: de vida física y de vida de inteligencia. Para Ferrer, el juego no tiene una función utilitarista, pues no es única ni principalmente un instrumento para el desarrollo físico del niño. Además, hay un explícito rechazo de la concepción cristiana de la enseñanza y el aprendizaje (y la vida) como enojosa carga. Por el contrario, a través del juego se puede orientar hacia la cooperación y la solidaridad, demostrando así que éstas son más beneficiosas para quienes las practican.

Una enseñanza integral

La enseñanza tradicional suele señalar como principal meta el desarrollo de los aspectos intelectuales de los alumnos. Para ello, normalmente se ha valido de métodos de enseñanza de carácter memorístico, usando como único material el libro, intermediario obligado entre el aula y el mundo. Sin embargo, los socialistas (libertarios o marxistas) habían rechazado desde su nacimiento cualquier forma de enseñanza que separara lo físico de lo intelectual. En concreto, los anarquistas, con Paul Robin a la cabeza, se habían propuesto la creación de proyectos educativos donde se buscaba el desarrollo integral de los hombres y las mujeres. Ferrer, conocedor y admirador de Paul Robin y Cempuis (su “escuela”), también se propuso dotar de un carácter integral a la Escuela Moderna. Para ello, era necesario trabajar tanto lo físico como lo intelectual, y tanto lo intelectual como lo emocional. Tengamos en cuenta que esta idea posee un carácter revolucionario, porque no es una reivindicación de mejora educativa, como la entendían determinados proyectos educativos de carácter burgués, sino un ataque directo a uno de los fundamentos de la sociedad capitalista: la separación entre el trabajo manual y el intelectual. «En interés del trabajo y de la ciencia, no deberán existir ni obreros ni intelectuales, sino sólo hombres.» Mijail Bakunin

Esa palabreja: el paidocentrismo

Si alguien analiza cuál es el centro de un proyecto educativo, puede encontrar una diferencia esencial entre una escuela “convencional” y, por ejemplo, una escuela libertaria como lo era la Escuela Moderna o, en la actualidad, la Escuela Libre Paideia. Ésta reside en que el protagonista de una escuela pública o privada convencional es el “conocimiento”, de tal modo que los alumnos son quienes tienen que adaptarse a los contenidos impuestos desde fuera (la cultura escolar). Nada varía de un año a otro a pesar de los cambios en los alumnos con sus enormes diferencias. Por el contrario, las pedagogías libertarias siempre han puesto al alumno en el centro de todos sus proyectos. Un principio fundamental es, por tanto, la enseñanza individualizada, cuyo objetivo no es encauzar a un niño según un determinado modelo, sino ayudar al desarrollo de cualquier tipo de individualidad según sus propios intereses y capacidades. Así, el proceso de aprendizaje, no es, sencillamente, un proceso pasivo en el que un grupo de alumnos recibe una monótona lluvia de clases teóricas, sino que la experiencia de libertad y felicidad en el niño es fundamental, en la medida que el proceso educativo debe fomentar seres libres y críticos. En el Boletín de la Escuela Moderna se puede leer a Paul Robin: Acordaos bien: lo primero no estorbar. Después, ayudad al niño a desarrollar armónicamente todas sus facultades.

Aprendizaje crítico

Dicen muchos estudiosos de la Escuela Moderna que resulta difícil saber qué tipo de alumnado “producía” la enseñanza racionalista, bien porque se conservan pocos testimonios directos, bien porque el proyecto duró poco debido a la represión sufrida por Ferrer. Si nos fiáramos de los diarios conservadores de la época, alarmados por la nefasta influencia de la Escuela Moderna en los chavales, sin duda, deberíamos felicitarnos. Pero no parecen estos diarios fuentes fiables. A pesar de lo dicho se conservan algunos escritos de los alumnos que los maestros plasmaron en el Boletín: Una niña de doce años dice: El trabajador es esclavo del burgués […]. Mientras los ricos se recrean por jardines y paseos, hay trabajadores a quien sus hijos les piden pan y no tienen para dárselo. ¿Por qué sucede esto? Porque los ricos lo acaparan todo. Una niña de nueve años: Un periódico dice que los ricos den juguetes para que se repartan entre los pobres, y añade que así se irán uniendo, lo que no es cierto, pues cada uno debiera tener su casa, su alimento, su vestido, no por limosna, sino por derecho. Otro niño, este de diez años dice que «no se debe dar nada a nadie, sino modificar la sociedad de manera que todo sea de todos». Otro advierte: Más valiera que no explotasen a los pobres todo el año y que ese día no les trajeran juguetes.

Enseñanza y aprendizaje activo

Frente a la rigidez de la enseñanza tradicional, la Escuela Moderna procuró romper las barreras impuestas por los métodos basados en un acceso al saber exclusivamente libresco. Por eso, las salidas fuera de los límites físicos del edificio escolar eran muy frecuentes. Si bien, esto es bastante común en la actualidad, en aquella época era una verdadera innovación. De este modo, la escuela mantenía un diálogo abierto con la naturaleza, a través de la visitas campestres; y también con su entorno urbano, con sus visitas, por ejemplo, a las fábricas barcelonesas. Como no querían los maestros de la Escuela Moderna tratar el conocimiento como algo muerto, procuraron dotar a las clases del más moderno material didáctico. Mapas, muestras geológicas, material científico, etc. dan muestra de la importancia concedida a una metodología abierta a la observación y la experiencia. No hay testimonios que constaten la existencia en España de ninguna escuela de similares características en este aspecto. Más bien encontramos testimonios en la dirección opuesta: pobreza de materiales o en su defecto inexistencia de los mismos. En coherencia con estos principios, la Escuela Moderna abrió su boletín a los alumnos. Aunque no se dejó esta publicación en sus manos, en la línea de Freinet (casi 50 años después), sí que se incluyeron sus escritos y opiniones. No encontraremos escuelas que tomen una iniciativa como ésta, ni en aquellos años, ni en los siguientes.

Ni exámenes, ni premios, ni castigos

La Escuela Moderna, queriendo construir una educación igualitaria a imagen de la sociedad que pretende edificar no podía introducir entre sus principios las calificaciones y condecoraciones tan frecuentes en la enseñanza tradicional, ya que con ello, crearía una nueva forma de jerarquía. Por eso, una alumna se siente segura al afirmar: La mejor recompensa es el saber […]; no necesito premio, porque soy bastante para aplicarme. Para mí, no deberían darse los premios, porque los niños estudian sólo por ellos, y después porque unos tienen y otros no, como pasa en la sociedad, que unos tienen mucho y otros poco o nada. Señala Ferrer: Mientras estudiábamos gramática, cálculo, ciencia y latín, los maestros y nuestros padres no descansaban, como impulsados por acuerdo tácito, procurando persuadirnos de que estábamos rodeados de rivales que combatir, de superiores que admirar o de inferiores que despreciar. Con el rechazo de los premios, de los castigos y de los exámenes pretendían cambiar los estímulos externos por otros internos donde predominaran valores como la responsabilidad individual y colectiva, la ética o el interés. El castigo era especialmente condenado precisamente por tratarse de un mal endémico en una escuela brutal, donde los castigos físicos eran algo cotidiano. Frente a ello, la Escuela Moderna fomentaba un ambiente de amplia libertad donde la fraternidad fuera un valor esencial.

Religión fuera de la escuela

La España de comienzos del siglo XX mantenía una estructura social muy distinta a la de los países más industrializados de Europa. Su estructura de clases sociales era todavía muy similar a la de estos países siglos atrás, con una importancia muy destacada de la Iglesia Católica que mantenía una fuerte influencia no sólo en la vida política del país, sino que en mayor o menor medida dirigía todos los ámbitos de la vida cotidiana. No podía ser menos en el ámbito educativo: las escuelas religiosas eran numerosísimas y, además, en las escuelas estatales la influencia de la doctrina católica era enorme. Gracias a esta influencia la Iglesia pudo seguir extendiendo su visión del mundo: sumisión de la mujer al hombre, resignación en este mundo a la espera del “otro”, la superstición milagrera, etc. La Escuela Moderna se propone eliminar cualquier doctrina religiosa de sus aulas: Todo el bagaje instructivo de la antigua pedagogía era una mezcla incoherente de ciencia y fe, de razón y absurdo, de bien y mal, de experiencia humana y revelación divina, de verdad y error; en una palabra, inadaptable en absoluto a la nueva necesidad creada por el intento de la institución de la nueva escuela. Dentro del contexto de la lucha de clases, la clase brera consciente vio claramente en la Iglesia, un enemigo del que formaban parte las clases sociales que pretendían la perpetuación del orden social injusto.

Superstición y racionalismo

Dice Ferrer que: "La enseñanza racionalista puede y debe discutirlo todo". Desde este punto de vista, racional es sinónimo de científico y no dogmático. En este sentido la razón tiene que contraponerse por un lado a "iluminación", y por otro a dogma. El rechazo de cualquier explicación iluminativa pretende fundamentarse en el abandono de las creencias en realidades sobrenaturales, desconfiando de cualquier interpretación mágica de la vida. El abandono de cualquier dogma viene dado por la importancia concedida a la libre construcción de la personalidad. Teniendo en cuenta que la ciencia y la superstición son necesariamente contrarias porque ambas son excluyentes, la Escuela Moderna no sólo deja de lado la superstición en general y la religiosa en particular sino que se dedica a combatirlas abiertamente. Como hemos dicho, para la Escuela Moderna la superstición religiosa no es el único mal, sino que considera igualmente negativos los dogmas políticos (como el patriotismo con su desgraciado militarismo), ya que: "no ha de parecerse nuestra enseñanza a la política, porque habiendo de formar individuos en perfecta posesión de todas sus facultades, ésta le supedita a otros hombres, y así como las religiones, ensalzando un poder divino, han creado un poder […] positivamente abusivo y han dificultado la emancipación humana, los sistemas políticos la retardan acostumbrando a los hombres a esperarlo todo de las voluntades ajenas".

La influencia positivista

Es innegable que la filosofía positivista influyó intensamente en el pensamiento de la segunda mitad del siglo XIX en España. Muchos militantes y pensadores vinculados al anarquismo también sufrieron dicha influencia, en la mayoría de los casos asimilaron determinados aspectos rechazando otros, de forma consciente o no. En Ferrer también se puede percibir el peso de esta corriente de pensamiento que tuvo como virtud fundamental servir de contrapeso a los siglos de pseudoescolasticismo y oscurantismo religioso que había dominado la vida intelectual del país. Así se alaba la experiencia frente a la fe y se aboga por la imitación de los métodos de las ciencias naturales, basados en la observación y la experimentación, como fórmula para disipar los errores tradicionales. De este modo, la ciencia se convierte en árbitro de la verdad. Ferrer como muchos de sus contemporáneos pone en la ciencia la esperanza de regeneración. Él mismo señala que «la ciencia es la única maestra de la vida», y, por eso, la educación racionalista no puede afirmar ni negar nada que no sea demostrable científicamente y comprensible racionalmente. La razón como centro del proyecto educativo de esta escuela acaba dando nombre a todas las herederas que se encuadran bajo el nombre de escuelas racionalistas, no en vano se mantuvo la influencia de la mencionada filosofía durante mucho tiempo aunque no siempre bajo la misma forma.

Concienciación o neutralismo: otra polémica

Un destacado militante libertario como Ricardo Mella no ahorró críticas a la Escuela Moderna. Entendía Mella que en la Escuela Moderna existía un riesgo evidente de dogmatismo. Una escuela anarquista debía basarse en el siguiente principio: una educación para la libertad, debe ser una educación en libertad. Por tanto, había que aportar menos sociología revolucionaria y más datos estrictamente científicos. Según este autor, una escuela libertaria no debe ser ni religiosa, ni antirreligiosa; ni política, ni antipolítica, etc. Esta idea ha tenido múltiples seguidores entre los pedagogos libertarios y se ha denominado Escuela Neutra. Sin embargo, entre los militantes anarquistas contemporáneos predominó la base teórica de Ferrer y así procuraron poner en práctica una enseñanza de clase. Ferrer, a pesar de lo dicho, nunca señaló que quisiera establecer una práctica educativa en la que se adoctrinara o se enseñaran dogmas de carácter político o de cualquier otro tipo. Él, influido por el cientifismo positivista de finales del siglo XIX, habría señalado la necesidad de ayudar a abrir las conciencias a las realidades sociales o naturales desentrañadas por la Ciencia. Ésto es lo que hacía, bajo su punto de vista, la Escuela Moderna. Para los seguidores de la Escuela Neutra la función del maestro no es “enseñar” verdades, sino colaborar para que el niño encuentre sus propias verdades.

Rechazo del modelo público estatal

El largo exilio de Ferrer en Francia le permitió conocer con cierto detalle un modelo de enseñanza públicoestatal mucho más consolidado y desarrollado que el existente en ese momento en España. Pero la enseñanza estatal no respondía al ideal de Ferrer, pues a pesar de ser un sistema que había logrado extender hasta generalizar la educación en sus niveles elementales, no podía sino responder a los valores de las clases sociales que usaban el Estado para el mantenimiento y perpetuación de la sociedad con sus explotadores y explotados, ejércitos, religiones, etc. Para la Escuela Moderna la enseñanza pública sigue siendo un instrumento en manos de las clases dominantes de tal modo que apenas hay cambios reales significativos respecto de la antigua escuela dominada por la Iglesia. Si estas escuelas inspiraban la fe en Dios, la devoción; la estatal francesa inspiraba la fe en el Estado, el patriotismo. La tradición antiestastista del anarquismo que inspira a sus pedagogos hace que desconfíen profundamente de los modelos públicos y, por el contrario, prefieran lanzarse a crear proyectos autogestionados con la esperanza de que estos se extiendan y puedan así, por el efecto “mancha de aceite”, ir creando los espacios asamblearios que, finalmente, destruyan al Estado en la Revolución social.

Rechazo de la enseñanza privada

Igual que los educadores anarquistas se separaron explícitamente de la enseñanza pública estatal (contrariamente a la postura mantenida por los marxistas), tampoco se mostraron complacientes con los modelos de enseñanza de régimen privado que no respondían a los valores de la autogestión. Hay que tener en cuenta que dichas escuelas en sus diferentes variedades: escuelas laicas o proyectos como la Institución Libre de Enseñanza, en nada cuestionaban el sistema capitalista. Eran modelos de enseñanza de carácter socialmente burgués que respondían a unos valores más o menos reformistas y liberales, muy alejados del ideal racionalista ferreriano en tanto que proyecto ético, social y humano. No despertaron demasiado interés entre los anarquistas las escuelas laicas de régimen privado,ya que eran una minoría entre todas las escuelas privadas. Sí despertaron un mayor interés, las escuelas que formaban el grueso de la enseñanza privada, es decir, las escuelas privadas mantenidas por la Iglesia. Y dicho interés no era precisamente por la admiración que despertaron, sino todo lo contrario. Las escuelas privadas religiosas eran consideradas un instrumento de adoctrinamiento más de esta institución. La clase obrera consciente consideraba nefasta su influencia. Eso explica que ardieran muchísimas más escuelas religiosas que iglesias en el levantamiento que los historiadores académicos han denominado la Semana Trágica.

Escuela de autogestión

Un principio fundamental del anarquismo es la no delegación. Esto significa que cualquier proyecto anarquista debe ser gobernado en todos los aspectos por aquellos que participan en él. En lo económico, esto se traduce en la autogestión. Así, una escuela de inspiración anarquista debe proporcionarse los recursos materiales suficientes para su funcionamiento. Para autogestionarse, la Escuela Moderna se dotó de dos fuentes de ingresos. Por un lado, se adopta «un sistema de retribución acomodado a las circunstancias de los padres o encargados de los alumnos; no teniendo un tipo único de matrícula, sino practicando una especie de nivelación que iba desde la gratuidad, las mensualidades mínimas y las medianas, a las máximas». Por otro, Ferrer crea un patronato apoyado por personalidades sociales, académicas y científicas como Anselmo Lorenzo, Ramón y Cajal o, entre otros, el rector de la Universidad de Barcelona, Rodríguez Méndez. La autogestión, no es sólo un principio de autonomía vital, es también una fórmula fundamental para lograr una absoluta independencia de cualquier fuerza o interés económico. Por eso, en su boletín, la Escuela Moderna, protesta contra las escuelas que se financian con subvenciones: ¡Alerta!, les decimos, ¡alerta!, que educáis mal a vuestros hijos y seguís mal camino al pretender regeneraros recibiendo limosnas. ¡alerta!, que no os emanciparéis ni emanciparéis a vuestros hijos confiando en fuerzas ajenas y en protecciones oficiales o particulares.

Cambiar la escuela, cambiar la sociedad

Rechazada la acción política, Ferrer encuentra en la acción educativa un medio para lograr una transformación radical de la sociedad. En los medios anarquistas españoles siempre hubo una intensa preocupación por la educación. Pensaron los militantes de la época de Ferrer que existía un vínculo estrecho entre educación y acción revolucionaria. Para muchos de ellos, sin educar al pueblo no podría producirse la anhelada revolución social; pero al mismo tiempo sería dicha revolución la que permitiría culminar la mencionada tarea educativa. Fueron mayoría los que acabaron por pensar que educación y revolución son lo mismo. Pero, para estos militantes, no toda cultura es emancipadora. En el campo educativo, como ya señalamos, es la enseñanza racionalista la que se consideró emancipadora. La importancia que dan los anarquistas a la cultura y a la instrucción se percibe a menudo en el Boletín de la Escuela Moderna. Así, un alumno de 12 años comenta lo siguiente: Con el tiempo y como consecuencia de la escuela, todo el mundo será más inteligente, y no habrá guerras, ni poblaciones incendiadas, y la gente recordará con horror al guerrero considerando que es el obrero de la muerte y de la destrucción.

Racionalismo y anarcosindicalismo

El nacimiento de la CNT en 1910 marcó el inicio de la trayectoria de una organización que durante casi treinta años vio crecer constantemente su fuerza e influencia en la sociedad española. El creciente peso del anarcosindicalismo marcó el auge de nuevas formas de lucha para el movimiento libertario, que en el campo educativo trató de vincular la enseñanza racionalista posterior a Ferrer a los anarcosindicatos. Ya en el primer congreso (1910) se señaló esta necesidad. De este modo, la enseñanza racionalista se convirtió oficiosamente en el modelo educativo propio de la CNT desde su nacimiento hasta el final de la Guerra Civil. Los congresos confederales de la época insistieron en el fomento de la enseñanza, pero la realidad económica y la represión gubernamental sufrida por los sindicatos adheridos a la CNT suponían enormes dificultades para este proyecto. Pero no solía cundir el desánimo, pues en cada sindicato se planteaba con frecuencia el objetivo de dar vida a un ateneo y a una escuela racionalista. Además de los eternos problemas económicos, y la represión fruto de las luchas sociales y sindicales, también fue un problema encontrar militantes formados para desempeñar la tarea de educador racionalista.

Más de 30 años de racionalismo educativo

Cuando el 8 de septiembre de 1901 se inicia la actividad de la Escuela Moderna con 12 niñas y 18 niños, probablemente pocos imaginarían la repercusión de este proyecto. En 1902 los alumnos eran 70 y en 1906 contaba con 123. En tan breve plazo surgen filiales en toda la provincia de Barcelona hasta llegar al número de 147 matriculados en 1905. En el año 1908, se pueden contar diez escuelas modernas en las que estaban matriculados cerca de 1.000 alumnos. La influencia del racionalismo educativo no se restringe a la provincia de Barcelona, ya que surgen filiales por muchas localidades españolas como Sevilla, Madrid, Granada, Córdoba, Palma de Mallorca, etc, trascendiendo a otros países como Portugal, Suiza, Brasil, Argentina, Holanda o Italia. Sobre la evolución de las escuelas racionalistas después del asesinato legal de Ferrer no es fácil pronunciarse dado que no hay fuentes fiables. Algunos estudiosos señalan que el modelo de Ferrer tendió a repetirse de forma acrítica hasta la Guerra Civil. Fueron muchos los problemas derivados de la falta de formación de los maestros racionalistas que empobrecieron algunos de los valores de la enseñanza libertaria. Sin embargo, otros autores señalan que fue fértil la evolución del racionalismo educativo enriquecido por los debates y la influencia de la vanguardia pedagógica europea que propició la extensión de métodos como el Freinet en muchas de estas escuelas.

Del racionalismo a la Escuela Nueva Unificada

Frente a los marxistas que apostaron por reformar el sistema educativo desde dentro, los libertarios nunca confiaron en soluciones que implicaran introducirse dentro del aparato estatal. Durante los primeros meses de la Guerra Civil, la fuerza y empuje de la CNT en Cataluña y parte de Aragón y Valencia dieron la esperada oportunidad a la Revolución Social. Pero los complejos problemas de la situación en el momento, dieron pie a la paradoja de poner en marcha dos alternativas cenetistas de enseñanza. Muchos pueblos en régimen colectivista o comunista libertario pusieron en marcha escuelas libres de inspiración más o menos ferreriana. Al mismo tiempo, también la CNT, durante los primeros tiempos de la guerra impulsa el proyecto del Consejo de la Escuela Nueva Unificada, que pretendía crear un sistema de enseñanza desde la Generalitat de Cataluña acorde a la nueva situación social. No fueron pocos los maestros racionalistas cenetistas que levantaron la voz contra semejante experiencia contradictoria con lo predicado durante años pese a lo interesante de muchos de sus avances.

En España, en Europa, en América...

A pesar de que en los medios académicos se ignora sistemáticamente la figura de Ferrer, este es, sin duda, el pedagogo español más conocido en el resto del mundo. Y es que no se conformó Ferrer con crear un proyecto cultural en un determinado lugar, sino que emprendió una labor de difusión altamente eficaz, de tal modo que escuelas basadas en los principios racionalistas fueron surgiendo en diversos países de Europa y América. En Europa surgieron iniciativas herederas de la Escuela Moderna en diversas ciudades como, por ejemplo, Amsterdam (Holanda), Milán (Italia), Bruselas (Bélgica) o Laussana (Suiza). No parece haber demasiada información sobre la duración y calado de estos proyectos. Sí conocemos que caló la ideología ferreriana en Estados Unidos donde las experiencias fueron de mayor duración y profundidad. También llegaron otras herederas de la Escuela Moderna de Barcelona a países iberoamericanos como Argentina donde militantes libertarios las pusieron en marcha en Buenos Aires, Rosario o Mar de Plata. También en Brasil, la enseñanza racionalista tuvo su repercusión con su escuela moderna en Sao Paulo o sus diversas asociaciones en defensa del ideario ferreriano. También México o Bolivia tuvieron sus proyectos racionalistas aunque los avatares de la represión gubernamental no siempre pusieron las cosas fáciles. Ferrer en la universidad de hoy

No ha tenido nunca la Escuela Moderna demasiado predicamento dentro de los ámbitos académicos universitarios. Hoy por hoy, sigue sin tenerlo pese a haber conseguido mejorar su consideración en los últimos años. Aunque esta mejora corre paralela a un cierto “vaciado” de contenido. Ferrer aparece en pocos manuales, y en varias monografías se considera la Escuela Moderna una experiencia poco novedosa pues se limitó a copiar los elementos de la pedagogía más avanzada del momento radicalizándolos políticamente al fusionarlos con determinados aspectos de la tradición pedagógica anarquista. Sí aparece, sin embargo, por todos lados la Institución Libre de Enseñanza cuyos métodos y principios no respondieron a los modelos más avanzados de pedagogía; y no será precisamente por su originalidad o por su repercusión social más allá de determinados ámbitos académicos. La universidad no parece que sea el sitio oportuno para reivindicar o simplemente conocer la Escuela Moderna ya que no encaja dentro de los moldes culturales y científicos dominantes y, para más inri, este proyecto cuestionó de raíz el sistema del que participa esta institución.

Ferrer para los educadores anarquistas, hoy

Transcurridos más de cien años desde el nacimiento de la Escuela Moderna todavía hay interesantes debates entre los educadores anarquistas sobre los logros y errores de este proyecto. En esencia, el debate no ha cambiado demasiado desde que Ricardo Mella señalara el exceso de influencia ideológica de la Escuela Moderna en sus alumnos. Hoy en día sigue discutiéndose sobre el tema de tal modo que encontramos posturas enfrentadas: muchos educadores pretenden abandonar esta posición para acercarse a la figura del maestrocompañero que ayuda a seguir la senda del aprendizaje por descubrimiento y experimentación, en la que la propia iniciativa del niño es el centro del día a día para un desarrollo natural sin violencias, sean psicológicas, culturales, etc. Por el contrario, otros (entre ellos la Escuela Libre Paideia, el proyecto de educación libertaria más influyente en los últimos 30 años), consideran que las formas de socialización propias de la sociedad capitalista influyen con sus valores en todos los individuos. Es por ello, que apuestan, por un modelo más semejante al de Ferrer (con las diferencias que imponen necesariamente 100 años de distancia). El proceso educativo, para los que se alinean en esta posición, debe tener un carácter “reeducativo”. Por tanto, se desconfía de una supuesta neutralidad porque se deben ofrecer los instrumentos para afrontar la violencia cultural y simbólica propia de las sociedades capitalistas contemporáneas.

Ferrer y la pedagogía del siglo XX

Se puede decir que el siglo XX fue un siglo de profundos cambios en lo económico, en lo cultural y social y en muchos otros aspectos. Pero las profundas diferencias entre el principio y el final del siglo XX no se han dejado notar con esa intensidad en la escuela como institución. Quizás sería exagerado decir que ésta no cambió en absoluto, pero sí es cierto que los cambios fueron muy leves comparados con los sucedidos en su entorno. Y no es porque no evolucionase la reflexión pedagógica, sino porque ésta tuvo una incidencia mínima en la práctica educativa cotidiana. Durante este siglo distintos pensadores se han detenido en la reflexión sobre el hecho educativo y sus “alrededores”. Algunos de ellos además se lanzaron a poner en práctica sus ideas. Dewey, Decroly, Freinet, Neill, Montessori, Illich, Freire o Berstein son algunos de los teóricos y educadores con mejor consideración dentro de los círculos académicos. Con algunos de ellos, tiene Ferrer aspectos en común, aunque evidentemente predominan las diferencias. Con Neill, tiene en común la base libertaria no represiva. Comparte el espíritu de rigor científico y el interés por la observación del niño de María Montessori. Participa del movimiento de la Escuela Nueva y trata de hacer realidad el principio de la escuela activa como Freinet. Le une a Dewey la idea de compromiso educativo. Pero parece que es Paulo Freire el autor más próximo a Ferrer de los antes mencionados. Con él comparte la idea de la educación como instrumento de transformación social y la preocupación por la educación popular entre otros aspectos.

Un balance de la Escuela Moderna

Todo proyecto educativo siempre tendrá las limitaciones que tiene toda creación humana, como es obvio. Y así a la Escuela Moderna se le pueden achacar ciertos "vicios" que después de cien años pueden parecer evidentes. Pero eso sería un grave error porque sería olvidar el contexto social y cultural en el que nació este espacio educativo. El mundo escolar en particular, y el social en general, que rodeaba a la Escuela Moderna, estaban estancados siglos atrás. Por esto, los valores del racionalismo educativo, no sólo estaban en la vanguardia de la educación europea del momento sino que llevaban varios siglos de ventaja a la escuela convencional de la España de esos inicios del siglo XX. Curiosamente, y pesar de la influencia del positivismo que tanto denostan muchos estudiosos académicos, la Escuela Moderna, transcurridos cien años, seguiría siendo un proyecto vanguardista en relación al panorama educativo mayoritario actual, sea este de régimen estatal o privado. Por eso, y por los valores de profunda honestidad y humanismo que caracterizaron a la Escuela Moderna esta merece seguir siendo un referente, porque de sus logros y sus errores debemos aprender. Porque no nos conformaremos con una escuela de valores ruines reflejo de "nuestra" sociedad, se hace necesario plantar cara a la cultura que nos imponen para no dejar en manos del olvido y de la manipulación la obra de Ferrer y Guardia.

CNT-AIT Sindicato de Enseñanza

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