Víctimes del genocidi franquista. Ni oblit ni perdó: justícia

18 de julio de 1.936, golpe de estado militar fascista del general Franco: El Día del Terror

La democracia real YA, España y el cuento de la buena pipa

Hace 75 años que el general terrestre Francisco Franco Bahamonde asaltó la democracia con un golpe de Estado contra la Segunda República. La República era una democracia procedente de la voluntad popular. Fueron tres años de carnicería y treinta y dos de despojos y mataderos, para volver del revés ese modelo laico de Estado. Aún se están descubriendo las fosas comunes de los asesinados por el terrorismo franquista. Luego de la muerte del dictador, llegó su herencia. El mismo afirmó que lo dejaba todo “atado y bien atado”.

dissabte 18 de juny de 2011

El Antídoto

bitácora de Patxi Ibarrondo 17/06/2011

El próximo día 18 de Julio será el 75 aniversario del Alzamiento Nacional, el golpe de estado fascista que acabó con la República en los años 30. Luego de matar la legalidad, asesinar a mansalva a quienes la defendían e instaurar el terror como arma política de claudicación, quedó instalado el régimen franquista. Todo eso ya sabe, pero no está de más recordarlo, porque, como dijo el otro, “todas las verdades están dichas, pero desgraciadamente hay que repetirlas cada mañana”.

Ya que, por ejemplo, ahora mismo la Real Academia de Historia ha empleado 6 millones de euros públicos en reescribir esta historia nuestra. En su nuevo diccionario biográfico se afirma que Franco no fue un dictador fascista sino un valiente militar católico. Y los combatientes que se echaron al monte para defender la República no fueron guerrilleros sino bandidos, terroristas y gente de mal vivir. Sabemos igualmente que, desde los tiempos de los hunos y quizá anteriores, los vencedores de batallas guerreras no solamente quieren el botín y capturar mujeres sino tambien pasar a la posteridad con gloria. Los disciplinados amanuenses a sueldo se esfuerzan en esa mística tarea, con denuedo y persistencia.

Pero el tiempo pasa y el deterioro afecta incluso a las estructuras más amarradas, aunque tengan vocación de eternidad como en España. La crisis económica del neoliberalismo global ha hecho mella en las corrupciones arrastradas en casa, y ha acabado con la paciencia de una buena parte de la ciudadanía. Son los ciudadanos indignados del movimiento 15M contra la persistencia del inmovilizado Movimiento falangistopus. Los nacionalistas ultracatólicos y su crema de oligarquía.

Hace 75 años que el general terrestre Francisco Franco Bahamonde asaltó la democracia con un golpe de Estado contra la Segunda República. La República era una democracia procedente de la voluntad popular. Fueron tres años de carnicería y treinta y dos de despojos y mataderos, para volver del revés ese modelo laico de Estado. Aún se están descubriendo las fosas comunes de los asesinados por el terrorismo franquista. Luego de la muerte del dictador, llegó su herencia. El mismo afirmó que lo dejaba todo “atado y bien atado”.

Y verdaderamente lo dijo por algo. Se está viendo que las secuelas siguen ahí presentes y lastrando cualquier posibilidad de liberarse del yugo, las flechas y el palio. Aunque malamente y con mucha abulia, la oligarquía se ha ido adaptando a un cambio estético de formas, un escorzo lampedusiano. Ha tragado por los formalismos parlamentarios y una apariencia de apertura, pero manteniendo intocables a salvo los principios fundamentales de la cosa.

Quiere, pues, la causalidad, y no la casualidad, que la parte más dinámica de la sociedad española se haya hartado de neoliberalismo, corrupción y otras graves deformaciones. haya okupado las plazas de las principles ciudades del Estado. Al amparo del grito “Democracia Real YA”, se está produciendo en las calles una revuelta social. Ante la intensidad y persistencia del fenómeno, ni los políticos profesionales ni los medios de comunicación de masas han dado la talla. Se han visto desbordados ante el ejercicio de democracia directa. Se han quedado catatónicos y no han sabido reaccionar con suficiente rapidez de reflejos y dignidad ética.

Cuarenta años de dictadura rabiosa, cuaresmal y penitente, más otros treinta y dos añadidos de transición interminable, han conseguido colocar la historia de España donde siempre estuvo. En la enfática postura de lerdo país que no se entera de nada. Quieta, soñolienta, acartonada. En la mediocridad sin pena ni gloria. En una chapuza permanente. Sumida de lleno en un esperpento valleinclanesco. En un eterno punto de partida de ir tirando con retóricas nostalgias imperiales, reflejadas en el deporte triunfal. Una realidad cutre y alicorta. Sin grandes metas que alcanzar o plantearse. Cabalga Sancho Panza.

Así, a pesar de la excelente predisposición a pactar como fuera con tal de tocar poder, por parte de las fuerzas de la izquierda más reformista a ultranza, los herederos de Franco querían garantías. En ese mefítico fangal de las garantias estamos chapoteando como niños sin causa y sin sustancia.

El ambiente habitual de este país huele, demasiado a menudo en su Historia y ahora mismo, a palangana en prostíbulo de medio pelo.

Es un hecho cierto el que, en todos estos largos años de cilicio y mordaza dictatorial, los partidos representantes mayoritarios de la izquierda no han hecho más que ceder soberanía popular.

A cambio de tanto aguante y acatamiento sin rechistar, el llamado “pueblo español” por los paternalismos de turno, no ha recibido más que condescendientes palmaditas en el lomo dócil por su “olvido de los traumas y deseo profundo de paz, demostrado con su ejemplar comportamiento a largo de la Transición”. Habían diseñado un molde y nos habían moldeado. Mientras tanto, las “familias” del Régimen franquista se han mantenido y reafirmado, en todo momento, en sus posiciones de privilegio. Engastados en el latón de la corona democrática, no han hecho más que crecer y multiplicarse como cualquier parásito de los pantanos.

Pero de pronto la siesta de la conformidad se ha roto en buena medida. El movimiento 15 de Mayo se ha bastado para sacudir la modorra institucional. 40 + 32 años más tarde, las plazas de las ciudades se han llenado de ciudadanos indignados por este estado de cosas, con un movimiento cargado de protesta. En las calles la gente está exigiendo una Democracia Real YA. Es la otra España. La que no vota a los partidos del espectro político habitual.

El movimiento de los ciudadanos indignados, por tanta incuria y abuso de poder, acaba de levantar anclas despues de un mes el campamento en la Puerta del Sol. Objetivo cumplido. Su demostrada capacidad de convocatoria es una esperanza útil de que se pueden exigir cambios en el panorama social y político.

Pero es de prever que, si el movimiento 15M cristaliza del todo, tarde o temprano tendrá que llegar a las puertas del Palacio d la Zazuela. No parece posible demandar Democracia Real YA sin cuestionar enseguida el marco monárquico en el que nos desenvolvemos y que nos limita no sólo en el plano simbólico sino político. Tenemos una democracia de designación monárqica cuyo barniz aparece cada vez más desconchado y ajeno a los problemas de fondo de abajo. No se entiende, por ejemplo, un rey al no que no le alcanza, en pleno siglo XXI, el brazo incorrupto de la ley.

Por otra parte, nadie nos explica el porqué y en calidad de qué acude la reina de España y de Borbón a todos los cónclaves del enigmático y poderoso Club Bilderberg, donde está representada la cúspide del neoliberalismo mundial. La última de esas reuniones de trabajo tuvo lugar hac unos días en Suiza y se debatió y decidió sibre el pacto del euro, que acabará de crucificar los logros sociales del estado del bienestar.

Este es el pacto:

http://www.juantorreslopez.com/impe...

La real prebenda de monarca intocable está escrita en una Constitución que parece intocable y se pretende democrática.

Hasta la llegada del mes de Mayo, la propaganda nos había convertido en un país de aplaudidores compulsivos y de vociferantes arbitrarios. Lo dramático es que carecer de elementos de juicio, por desconocer las bases sobre las que se funda el destino común. Tenemos una partitocracia incapaz de resolver los problemas perentorios y que obstruye cualquier idea ajena a la militancia, para salir con bien de la crisis en la que nos hallamos inmersos. Sólo vale su nada con burbujas. Las fuerzas políticas del neoliberalismo ibérico no saben cómo afrontar el fenómeno del 15M y lo que significa; sólo están tentados a hacerlo desaparecer por la fuerza, en la esperanza de que se disuelva en el olvido. Para este menester cuentan, por supuesto, con los grandes medios de comunicación de masas, fieles al servicio del establecimiento. El tan traido y llevado Sistema. Las palabras a veces actúan como narcótico de la realidad y sólo sirven para intoxicar los más elocuentes silencios.

Las pasadas elecciones locales han elevado a los cielos al Partido Popular. Pero las grandes asignaturas pendientes de modelo de Estado están esperando una clarificación poder ser definitiva. En el caso vasco, ahora que han callado las armas de ETA, ya no puede nadie ampararse en el tópico paralizante de la violencia. Es más complejo el panorama que antes de la eclosión espectacular de Bildu. Hay que temerse una deriva negativa. En unas enfáticas declaraciones, ese peculiar espécimen político cuyo nombre de pila es Mariano (Rajoy), supremo líder formal del PP, dijo que el problema vasco se rresuelve “poniendo sobre la mesa más España”. Así pues, si gana el PP las próximas eleciones generales, la agria confrontación seguirá estando servida.

El tema nacional vasco y catalán son debates clave siempre pospuestos y que no se pueden abordar en profundidad en el escenario político de una monarquía restaurada por Franco ejerciendo de doctor Frankenstein. Una monarquía centraalista tiene difícil encaje dentro de un esquema geopolítico federal o confederal, únicas salidas posibles y democráticas. La realidad presente es vertical y ese debate requiere buenas dosis de horizontalidad. Sin embargo, se da una siuación controvertida. Euskal Herria, ahora mismo, Bildu es la izquierda independentista que tiene amplia legitimidad, dada por las urnas. En contraste, Borbón no la tiene tanto: su trono fue designado y está impuesto por las armas. Es el rey de la España centralista y non plus ultra. A tenor de lo ocurrido cuando cuando ganó las elecciones el Frente Popular, no es para tomárselo a broma. Este es un país de paletos obsesivos con cierto poder de compra, una ignorancia de récord y el colmillo retorcido. Sacrificamos víctimas en masa en una guerra prolongada y sucia, para luego volver sin empacho al punto de partida.

Este es el país del redundante cuento de la buena pipa.

Y ahí estamos, en la inopia de una noria.

Es preciso recordar que el problema vasco y catalán propiciaron, en gran medida, el golpe de Estado de 1.936. Hace 75 años. Estamos atascados en la Historia y en el modelo de Estado. No resolvemos porque en las cuerdas hay muchos nudos. Los que mandan y siempre han mandado prefieren apelar a la Divina Providencia y mientras tanto ir haciendo caja. Las oficinas del Estado del café para todos se superponen unas a otras. Es un despilfarro demagógico que pretende contantar a todos a costa del derroche de recursos. Lo pagan los de abajo.

Es un hecho cierto que todo aquello que no se resuelve vuelve, en la forma que sea.

El movimiento 15M exige en sus demandas la implantación en el Estado español de una democracia participativa. Se quieren cosas tan normales como cauces institucionales más abiertos, medidas decididas contra la corrupción, una efectiva separación de poderes, como mandan los cánones de Montesquieu. Se ha propuesto acudir a un referéndum, para que los ciudadanos opinen sobre la abolición de la monarquía y la subsiguiente implantación de la Tercera República. Lo que está claro en las leyes de la geometría es que los principios de la horizontalidad son la antítesis de lo vertical. Vertical y horizontal son dos posturas políticamente incompatibles. La monarquía es por esencia vertical.

Y la gente en general ¿qué dice? Asiste pasiva al espectáculo de las plazas llenas de indignados del 15M y vota masivamente al ulraderechista Partido Popular. Teme el desorden, aunque esté de acuerdo en lo básico de la protesta. El miedo hace estragos en las almas humildes. Estamos tan apagados como ciudadanos que hasta pagamos las entradas para poder acudir en calidad de público a la ópera buffa donde se escenifica nuestro destino. Pululamos temerosos bajo el cielo protector de la curia y el báculo hipotecario de los financieros.

En la masiva votación por el PP ha habido un deseo de escarmentar a unos socialistas revenidos y claudicantes, lejos de la gente, esclavos de la imagen y rehuidores de los problemas que castigan sobe todo a sus votantes habituales. Pero también se detecta el cansancio de una democracia que no avanza y no responde a las demandas de justicia social, ilustración y libertad. Hay la sensación, más bien el convencimiento de que esta seudodemocracia se ha encasquillado. Y lo que no va para adelante mira hacia atrás. A veces con nostalgias, no por extrañas menos reales.

Así que tenemos, por un lado,la España de siempre y estrenando poder triunfal en las Comunidades Autónomas y ayuntamientos. Por mucho que los asesores de imagen lo maquillen, el Partido Popular ha absorbido y encarna al tardofranquismo del momento. Falangismo más Opus Dei igual a tardofranquismo. Eso es lo que han votado los españoles por abrumadora mayoría. ¿Estaban engañados por la publicidad electoral o era echar la vista atrás lo que querían?

Y, por otro lado, también tenemos entre el mismo cielo y suelo hispánicos, el movimiento 15M de los Indignados, manifestando la fuerza de la razón dn las plazas y calles de todo el país. Y con contagio internacional: todos contra la globalización del neoliberalismo rampante. ¿Hay quien dé más?

De todos modos, hay que tener en cuenta que el arrepentimiento tardío y la reincidencia forman parte intrínseca de la morbosa religión ibérica imperante.

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