Víctimes del genocidi franquista. Ni oblit ni perdó: justícia

Alfonso Legaz. 17/5/2012

¿Quo Vadis Estrasburgo?

El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo pierde su credibilidad. El rechazo sistemático de cualquier denuncia relacionada con el genocidio franquista desvela los auténticos fines del Tribunal: velar por los intereses del fascismo europeo.

dijous 17 de maig de 2012

Alfonso Legaz

Franco y los jueces

Nada se sabrá hasta que se hayan muerto los malos, susurra una anciana. Pensar los males contemporáneos de España es como tratar de adivinar quién se ha tirado el pedo en el autobús. Pensar España en un contexto que no contemple los crímenes cometidos desde unos poderes ocultos que hoy ya podemos afirmar que dominan el planeta como si se tratase de un corral, es plantear ese pensamiento fuera de la realidad, de lo que por tradición se llamó historia y por extensión de lo que hoy queda de ella. La historia —el relato del cronista a sueldo—, detenida en su modelo tradicional allá por la primera Guerra del Golfo de 1991, ha sido desde la vieja Roma y antes, un guiñol a oscuras donde los muñecos principales no se agitan obligatoriamente en la zona del escenario donde se deja sentir su aliento, sino que recorren a su antojo fila tras fila de espectadores, a oscuras, espectadores sin ojos, todo orejas. Y la mano que rellena el muñeco es el más genuino símbolo de la nueva era.

Transcurridas dos décadas desde que la CNN estrenara su dispositivo “siéntese cómodamente en su sofá y vea una matanza de árabes en directo” sin que nadie armara un dispositivo de sensibilidad herida como el utilizado contra Kevin Carter —la tele es sagrada—, la diferencia hoy traspasa lo meramente sentimental: hemos estrenado el nuevo absurdo de para qué soñar que los niños occidentales estudian libros de historia en los colegios si ya sabemos que lo más cercano hoy a los hechos será el sucedáneo de un pedazo de programación televisiva y antes fue el cronista a sueldo. El documento oficial es sospechoso. Sabemos, pero sólo como sospecha. La mejor diferencia entre la humanidad que fuimos con historia y la que hoy somos sin ella, es que sentados aún hoy en nuestra platea percibimos claramente el aliento del muñeco en la oscuridad, pero no sabemos desde donde nos llega. El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo se confirma heredero jurídico del poder medieval, en el sentido que lo ostentaba toda institución destinada a salvaguardar mediante jurisprudencia los intereses del señor feudal. Estrenado el 1 de noviembre de 1998 y aunque su saga se remonta a tiempos de la 2ª Guerra Mundial, ha rechazado una vez más una denuncia presentada por un colectivo español —damnificados vivos que puedan presentarla ya no quedan— relacionada con los crímenes contra la humanidad llevados a cabo por la dictadura franquista. ¿Podemos afirmar que los buenos ya están muertos? Claro, esos murieron los primeros, son las víctimas. Pero a Estrasburgo parece que eso no le basta, lo dijo la anciana: nada se sabrá hasta que se hayan muerto los malos. En realidad este tribunal es otro tribunal inútil para el fin que fue concebido. Está más inventado para gritar que por él se retiran los crucifijos de las escuelas italianas que para significar una garantía real de mantenimiento de Derechos Fundamentales. Su leña arde para elevar cortinas de humo en un mundo que ya no puede saber de sí porque las pruebas de su existencia son eliminadas junto con el ayer de la noticia. En nuestra platea a oscuras contenemos el aliento mientras el muñeco invisible susurra su mensaje junto a nosotros o a varias filas de distancia, el milagro es que lo escuchamos siempre junto a nuestra oreja. Milagro tecnológico esa labor de la mano que lo llena. Y ese olor conocido. Ese olor del betún de botas lustradas para el desfile que desprende Europa desde hace un siglo. ¿O no? Fascismo italiano, fascismo alemán, fascismo portugués, fascismo español, Lobby judío, democracias inglesas a buenas con la dictadura franquista, democracias francesas a buenas con la dictadura franquista, democracias norteamericanas a buenas con la dictadura franquista y más, oficiales de las SS presidiendo la ONU entre 1972 y 1981 y esta Institución abrazando la dictadura española y a su dictador. Las instituciones se aman entre sí por su naturaleza afín. Y la nueva bestia negra que ya crecía en el guiñol global, mucho más que un simple Cancerbero, multinacionales: fue TEXACO quien llenó las bodegas de los cinco buques que atravesaban el Atlántico en vísperas del 18 julio del 36 con el primer gasoil que iba a utilizar el fascismo español para acabar con la democracia española. En fin, está claro. ¿A dónde a vas Estrasburgo? Lo que hoy se ha venido abajo con el rechazo de la denuncia interpuesta por el Fòrum per la Memòria del País Valencià en el Tribunal de Derechos Humanos no es la verdad en la historia, que ya cayó en tiempos de Julio Cesar, ni siquiera su cualidad de verosimilitud, que no alcanzó a ver el siglo XXI, lo que hoy cae descabezado es el Tribunal de Estrasburgo de Derechos Humanos. Se confirma su existencia como herramienta inútil para lo esencial. Cae su prestigio, cae su trascendencia, cae por faltar a la finalidad para la que fue creada su dinastía tras Auschwitz, proteger a Europa de una Europa capaz de montar los campos de exterminio y alimentar las dictaduras más sanguinarias. Ese tribunal debía protegernos del fascismo. Ahora confirmamos que no es así.

Si la historia que escribía el cronista está muerta porque la detuvo la misma mano que la puso en marcha, apenas nos queda luchar por reclamar del olvido las deudas que con cada cual tiene contraídas el pasado. Dado que el nuevo presente se nos va entre las manos y a la vez somos arrastrados por su amplia extensión de realidad líquida, el presente nos precipita como catarata, sólo nos queda la memoria como madero de naufragio con que poder mantenernos a flote. La memoria ya no es tarea de historiadores, es tarea de individuos. Los historiadores, en su práctica técnicamente perfecta pero éticamente sesgada, nos sirven a la sociedad la misma amarga bebida que el Tribunal de Estrasburgo. Debemos preservar la memoria para poder entregarla antes de desaparecer. Alguna aproximación a la verdad puede recogerse de mano de algún sociólogo en la tradición rebelde e irreverente de Marcuse, aunque cuesta encontrar en la realidad líquida de Zygmut Bauman los elementos optimistas que él defiende. Pero estamos ahí sin ninguna duda.

¿Debemos recuperar aquella tradición oral que caracterizaba las sociedades civiles analfabetas? Nada sucede —no sucedemos— hoy porque todo está sucediendo en el espacio sin dimensión de la información de un día que aplasta la del día anterior. Es un dispositivo perfecto para acabar con el individuo. Supongo que no nos matan de nuevo porque nos necesitan para algo. Pero está claro que los seres humanos, desde el punto de vista humano, hemos pasado a mejor vida, como aquellos árabes de 1991 que filmaba la CNN muriendo como simples personajes para que todo el mundo en Occidente se sintiera a resguardo en su sofá. Y lo increíble de todo esto es que si queda un futuro este debe comenzar a ser en el pasado, rescatando aquello que el cronista a sueldo, el historiador, puso en negro sobre blanco para mayor gloria del poder. Estrasburgo invoca la mentira, su Gran Sala de los 17 jueces no garantiza reparación y justicia para víctimas con sus Derechos Fundamentales pisoteados. Europa protege con los hechos la cruzada del fascismo internacional. ¿Por qué no se crea un tribunal internacional específico para juzgar los crímenes del franquismo? Nada se sabrá hasta que se mueran los malos, lo dijo la anciana. ¿No debe quedar nadie en pie? ¿Las generaciones deben desaparecer enteras antes que nadie pueda imaginar los males que han asolado a cada una de ellas? En España es peor. Mucho peor. Los malos de la anciana procrean y colocan sus retoños alimentados de crimen y silencio. Aquí triunfó el fascismo y el resto de las democracias occidentales lo alentaron. Estrasburgo es una pantomima para organizar el poder del muñeco que esconde una mano, como lo es la ONU. No se trata de que la justicia española quede sin reparación porque las causas que se interponen al Tribunal de Estrasburgo son rechazadas una tras otra si tienen relación con la legitimidad del actual poder español, lo que hoy queda herido de muerte es este tribunal y sus cuarenta y tantos magistrados porque confirman su relación con el mal que deberían combatir. Nada se sabrá hasta que hayan muerto los malos. Mil años de oscuridad le quedan a España, debe leerse dos veces esto último, aunque parezca imposible en un mundo que aprendiendo a leer ha dejado de hacerlo.

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