Víctimes del genocidi franquista. Ni oblit ni perdó: justícia

Superviviente del Campo de Exterminio de Albatera y otras prisiones: Gabriel Aguilera IN MEMORIAM

Juan María Gómez Ortiz. Catalunya Resistent. Butletí interior, nº 47, de l’ Associació Catalana d’Expresos Politics

dimarts 7 d'agost de 2007

GABRIEL AGUILERA, IN MEMORIAM. Juan María Gómez Ortíz

El pasado 15 de junio de 2006 falleció en Madrid tras una larga enfermedad Gabriel Aguilera Gómez, de 86 años, ex-preso político natural de Almería aunque afincado en Madrid, donde vivía desde el final de la guerra.

Gabriel Aguilera participaba desde hacía muchos años en las tareas de la Asociación de Ex-presos y Represaliados Políticos Antifranquistas. Hombre de talante abierto y capaz de integrar y de comprender, antidogmático por naturaleza, trabajador y luchador incansable, había sabido hacerse querer por todos y su pérdida ha sido especialmente lamentada por los miembros de la Asociación que preside en Madrid el compañero Gervasio Puerta García.

Gabriel, antiguo combatiente del ejército republicano, había sido uno de los impulsores de los actos que en el cincuentenario de la creación de las Brigadas Internacionales, tuvieron lugar en Madrid y Barcelona en octubre de 1986. Actos que constituyeron un reencuentro muy esperado después de tantas peripecias entre los que se marcharon -que no eran todos, pues muchos habían caído en la defensa de las libertades y la democracia- y los que se quedaron, defendiendo hasta el final la asediada República. Entre estos se había contado Gabriel Aguilera quien, miembro de la Juventud Socialista Unificada, con apenas 17 años se había alistado en el Ejército Popular y que en los días finales de la contienda -en marzo de 1939- se retiraba hacia Levante desde el frente andaluz.

Miembro de una familia trabajadora de varios hermanos, en la Almería del primer cuarto del siglo pasado, su madre había quedado viuda cuando los niños eran pequeños, por lo que el contacto con el mundo del trabajo fue muy temprano para ellos. Llegada la Segunda República Gabriel y su hermano Ángel iban a convertirse en militantes del Partido Comunista de España y junto con otro hermano, Guillermo, una vez estallada la guerra los tres iban a defender a la República en el seno del Ejército Popular.

La suerte de los hermanos Aguilera se acabó de fraguar en los días finales de la contienda, cuando el golpe de Casado dejó a la República sin capacidad de proseguir la resistencia. Ángel pudo llegar a Almería y subir a bordo de una barcaza que le llevaría a Argelia, desde donde pudo pasar a la URSS. Guillermo y Gabriel acabarían, por el contrario, en las cárceles de la dictadura. Gabriel había estado destinado en el frente granadino de Trévelez, donde incorporado a la Comisión de Educación del Soldado se había dedicado a recorrer las líneas del frente a lomos de una mula repartiendo las publicaciones que llegaban de la División. En la retirada se vio forzado a marchar hacia la costa levantina, buscando la posibilidad de embarcarse en Alicante o en Valencia, sin saber que se estaba dirigiendo, en la expresión usada en el libro biográfico La tragedia olvidada , “rumbo al averno”, pues su marcha era el inicio de una larga y dolorosa peripecia por los campos de concentración y los presidios franquistas.

Campos y presidios

En el puerto de Alicante el 1 de abril del 1939 miles de personas vivían el caos de la impotencia, y se asistía a suicidios individuales y colectivos mientras entraban las tropas italianas de la División Littorio que poco después hicieron formar largas colas a los ex-combatientes de la República. Gabriel Aguilera con la moral rota y sin comer ni dormir desde hacía varias jornadas, cruzó las alambradas de un campo de concentración llamado «Los Almendros», donde las hojas de los árboles que daban nombre al campo iban a ser el único alimento de los cerca de diez mil presos durante diez días. Al cabo de ese tiempo los guardianes italianos fueron sustituidos por soldados del Tercio, que habían de dejar en los internados el recuerdo de su sadismo y crueldad. Estos les trasladaron en un tren borreguero hasta Albatera, campo de concentración y de selección a las órdenes del coronel Pimentel, donde se seleccionaba a los candidatos a ser ejecutados por parte de falangistas de diversas provincias que recorrían las formaciones y entresacaban de las filas a los presos que querían llevarse. Pero Albatera era también un campo de exterminio, pues en el primer mes desde su apertura fueron ejecutados más de la mitad de los 6.800 hombres que la Hoja Oficial de Alicante del 28 de abril del 39 admitía que estaban allí recluidos. De los tres mil hombres restantes, a la mitad se los llevaron los comisionados falangistas de las diferentes provincias, especializados en matar rehenes por los caminos.

Los internados eran obligados a asistir a las ejecuciones. Además fueron divididos en grupos de modo que si alguien intentaba fugarse, el responsable del grupo era llevado durante días a la Parrilla, un lugar donde el preso debía permanecer de pie al sol en medio de un arenal y rodeado de alambre de espino en pleno verano durante todo el día, sin comida y sin agua... Por la Parrilla había de pasar Gabriel a sus veinte años.

Los supervivientes de Albatera pasaron a la prisión de Porta Coeli, cerca de Bétera, Valencia. Desde allí Gabriel fue llevado a la Prisión Provincial de Albacete, y pasando por las prisiones de tránsito de Linares y Guadix, a la llamada «El Ingenio» en Almería. El 20 de junio de 1942, casi tres años y tres meses después de ser tomado prisionero, fue condenado a... “seis meses y un día” por el delito de haber sido miliciano de la Cultura. Gabriel fue puesto en libertad con el mandamiento de presentarse a cumplir el servicio militar.

Pero nada más lejos de la intención de Gabriel que obedecer esta orden. Al contrario, se dirigió a Madrid con el propósito de incorporarse a la resistencia civil que en conjunción con la acción de los guerrilleros se pensaba que daría lugar a la huelga general que hiciese caer la dictadura fascista. Encontró trabajo en un taller de ebanistería, donde aprendió el oficio y recomenzó la lucha política en la clandestinidad. En esa época conoció a Mary Bautista, a quien confesó que el que usaba no era su verdadero nombre y que estaba comprometido con la lucha clandestina. Mary había de convertirse en su compañera durante toda la vida.

Entre sus distintas actividades de entonces figuró la de ayudar a la fuga de algunos presos que trabajaban en Cuelgamuros horadando la montaña de lo que había de ser el valle de los caídos. Pero las actividades antifranquistas habían de reportarle ser de nuevo detenido en 1945 y pasar ciento seis días en la Dirección General de Seguridad donde recibió unas ciento veinte palizas, algunas especialmente crueles, como la del 8 de mayo de ese año, pues los funcionarios estaban furiosos por la rendición de Alemania en la guerra mundial.

Gabriel pasó después a la Penitenciaría de Alcalá de Henares, donde Mary consiguió visitarle haciéndose pasar por su esposa. Allí el sadismo del director iba a costarle pasar en celdas de castigo más de cuatro meses, periodo en lo que lo que sobrellevó peor fue no ver a su novia. Después se incorporó a la vida de la prisión, participando en cursillos culturales, seminarios políticos, trabajos artesanales, taller de carpintería y Comisión de Ayuda, hasta que fue trasladado al penal de Burgos, a finales de la década de los 40.

El penal de Burgos

La atmósfera moral y política entre la población reclusa de Burgos era entonces excelente. Los tenaces comunistas se habían organizado en comunas de unos pocos miembros combinando las afinidades de toda índole con las disponibilidades económicas, para evitar que hubiera comunas “ricas” y comunas “pobres”. Entre los objetivos fijados estaba la salvaguardia de la salud de todos mediante una política alimentaria que asegurase la sobrealimentación adecuada fuera del rancho. En el terreno profesional y cultural se pretendía facilitar la adquisición de conocimientos teóricos y prácticos. Y en lo político, no desmovilizarse, seguir siendo militantes activos. Se prestaba una atención especial a los casos de apatía, desmoralización y tristeza que a veces se apoderaba de algunos. A los que nunca recibían nada del exterior se les hacía llegar de vez en cuando un giro de algún supuesto donante haciéndoles creer que de ellos también se acordaba alguien.

Un día sí otro no Gabriel recibía carta de Mary, que él respondía con la misma frecuencia. Pero la época más feliz del año eran los escasos 8 días en que ella podía abandonar su trabajo en Madrid para acercarse a Burgos y visitarle. Ese fue el plan un año tras otro, hasta que en 1956 salió en libertad. ¡Doce años de cárcel! Como dice Ángel, su hermano y biógrafo , «dos cosas le evitaron claudicar ante tanta adversidad y conservar sus esperanzas en un mundo más justo: sus ideas de paz, justicia y libertad, y la existencia de Mary», a quien desposó el 11 de junio de 1956.

En los cincuenta años que vivieron juntos, Gabriel trabajó como ebanista en Madrid y continuó participando en la lucha por recuperar las libertades. Con la llegada de la democracia y la creación de la Asociación de Ex-Presos y Represaliados Políticos, Gabriel Aguilera se convirtió en un miembro activo, que todavía pocos meses antes de su muerte acudía a los Institutos de Educación Secundaria a contar a la juventud lo que significó la lucha de los Presos Políticos en la conquista de las libertades. Sirvan estas líneas en las que se recuerdan algunos momentos decisivos de su biografía de luchador antifascista como un postrero homenaje a su memoria, que es memoria personal y también memoria histórica.

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