Víctimes del genocidi franquista. Ni oblit ni perdó: justícia

La Haine, 3 de març de 2016. x David Armendáriz Núñez

En record de les víctimes de Vitòria en el 40 aniversari dels successos del 3 de març

Hui 3 de març, es compleixen 40 anys d’un dels més infames actes de terrorisme d’Estat que es recorda, malgrat això, la majoria de mitjans de comunicació segueixen silenciant aquella massacre.

dijous 3 de març de 2016

Hoy 3 de marzo, se cumplen 40 años de uno de los más infames actos de terrorismo de Estado que se recuerde, sin embargo la mayoría de medios de comunicación siguen silenciando aquella masacre.

Manuel Fraga, fue máximo responsable del baño de sangre llevado a cabo por sus fuerzas policiales, el 3 de marzo de 1976 en el vitoriano barrio de Zaramaga. Apenas habían transcurrido 4 meses de la muerte del dictador, Fraga estaba a cargo del Ministerio más importante en ese momento para la derecha franquista, el de la Gobernación (que luego pasará a llamarse Interior), herramienta clave para sembrar el terror en las calles de todo el Estado ante cualquier protesta (no muy diferente a lo que vemos hoy en día por cierto).

El Régimen todavía estaba muy vivo, no quería que se le escapara de las manos el orden que había establecido por medio de un sangriento golpe de estado y cuatro décadas de cruel tiranía. Fraga Iribarne lo tenía muy claro, se creía dueño de la situación y sacó a escena su carácter autoritario siempre sediento de sangre de la clase obrera, aquella a la que toda su vida odió.

Lo sucedido aquel 3 de marzo de 1976 difícilmente se podrá borrar de la memoria colectiva, por mucho que lo intenten. Un grupo de trabajadores en huelga decidió llevar a cabo una asamblea en una pequeña iglesia. La policía les obligó a salir, lanzaron gases lacrimógenos en el interior, la gente se asfixiaba, no podía ver, el pánico era indescriptible. Al no tener otro remedio, los obreros fueron saliendo de la iglesia y en cuanto cruzaban el umbral de la puerta las bestias policiales franquistas les esperaban para darles un buen escarmiento. Mientras salían, les apaleaban desde todos los lados y no contentos con eso comenzaron a ametrallar a la multitud. Los propios agentes se jactaron de lo que acababan de hacer, "hemos hecho una auténtica masacre" se decían orgullosos. El resultado fue dantesco, varios heridos de bala, dos muertos en el lugar de los hechos, cuatro heridos grave de los cuales tres fallecieron, en conclusión cinco asesinados por el terrorismo y la violencia franquista. Los familiares siguen pidiendo justicia 40 años después de la masacre. Nunca se investigó a fondo todo lo ocurrido, no se depuraron en absoluto responsabilidades, las personas que dirigieron toda la operación jamás se han sentado en un banquillo para ser juzgados. Manuel Fraga Iribarne, murió sin ser juzgado, se fue de rositas como todos los colaboradores del franquismo, y lejos de pedir perdón por aquello, llegó a decir que la policía actuó correctamente y que en Vitoria no había pasado nada.

Sin embargo, por mucho que la derecha de este país quiera verter tierra encima de las atrocidades que han cometido a lo largo de la historia, las personas que creemos en la justicia, en la libertad y en la lucha de clases, jamás olvidamos. Los compañeros que cayeron a manos del terror franquista siempre estarán en nuestro recuerdo, y sirva de humilde homenaje estas líneas.

Bienvenido Perea, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, Pedro María Martínez Ocio y José García Castillo, estarán siempre en el recuerdo del pueblo vitoriano y de toda la clase trabajadora.

David Armendáriz Núñez

La Haine

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